Cuando escuchamos la palabra resiliencia, solemos imaginar grandes adversidades: una pérdida, una enfermedad, una crisis, un accidente o algún acontecimiento capaz de dividir nuestra historia en un antes y un después.
Sin embargo, quiero proponerte una mirada diferente.
La resiliencia también aparece un lunes complicado; cuando algo no sale como esperábamos; cuando recibimos una respuesta que nos decepciona;
cuando debemos modificar nuestros planes; cuando alguien nos trata mal; cuando acumulamos pendientes o cuando simplemente sentimos que el día pesa más de lo habitual.
He aprendido que no necesitamos esperar una gran adversidad para hablar de resiliencia. También la practicamos en esos pequeños momentos en los que la vida no ocurre exactamente como queríamos y necesitamos encontrar una manera de responder.
La investigación reciente está comenzando a prestar mucha más atención precisamente a esta dimensión. Una revisión sistemática publicada en 2025 analizó 36 estudios sobre resiliencia diaria y señala que comprender cómo las personas se recuperan de los estresores cotidianos puede ayudarnos a entender mejor los procesos dinámicos de adaptación y bienestar (Zietse et al., 2025).
La idea que quiero desarrollar en este artículo es sencilla pero poderosa: la resiliencia no se construye únicamente frente a las grandes adversidades; también se practica en la manera en que respondemos a los pequeños desafíos de todos los días.
Qué es la resiliencia cotidiana
La resiliencia cotidiana puede entenderse como el proceso mediante el cual nos adaptamos, nos recuperamos o regulamos nuestra respuesta frente a los pequeños estresores de la vida diaria.
Puede aparecer después de:
- Una discusión.
- Un retraso.
- Una crítica inesperada.
- Una jornada complicada.
- Una mala noticia que, sin ser una tragedia, altera nuestro ánimo.
- Una decisión que no salió como esperábamos.
- Una acumulación de pendientes.
O simplemente, en esos días en los que parece que muchas pequeñas cosas ocurren al mismo tiempo.
Ong y Leger (2022) señalan que el estudio de la resiliencia no necesita limitarse a grandes acontecimientos traumáticos. Los estresores diarios también pueden ayudarnos a comprender cómo funcionan los procesos de adaptación a lo largo de la vida.
Por eso, hablar de resiliencia cotidiana no significa minimizar las grandes adversidades. Significa reconocer que nuestra capacidad de adaptación también se manifiesta en escenarios mucho más frecuentes.
La resiliencia cotidiana no es una personalidad
Hay personas que dicen:
“Yo no soy resiliente”.
Como si la resiliencia fuera una característica fija con la que algunas personas nacen y otras no.
Sin embargo, esta idea resulta demasiado limitada.
George Bonanno (2024), uno de los investigadores contemporáneos más relevantes en el estudio de la resiliencia, plantea tres ideas especialmente importantes: la resiliencia puede ser un resultado relativamente común frente a la adversidad, no existe un conjunto único de rasgos que defina a una “persona resiliente” y los resultados resilientes dependen en buena medida de procesos flexibles de autorregulación.
Esto cambia la pregunta.
En lugar de preguntarme:
“¿Soy resiliente?”
Puedo preguntarme:
“¿Qué recursos necesito en este momento para responder mejor a lo que estoy viviendo?”
La respuesta probablemente cambiará dependiendo de la situación.
A veces necesitaré perseverar.
Otras veces necesitaré detenerme.
En ocasiones tendré que resolver un problema.
En otras, aceptar que no puedo resolverlo todavía.
A veces necesitaré autonomía.
Y otras veces, pedir ayuda.
La resiliencia no consiste en responder siempre de la misma manera. Muchas veces consiste precisamente en reconocer cuándo necesitamos cambiar nuestra respuesta.
Los pequeños desafíos también pueden desgastarnos
Una de las razones por las que considero importante hablar de resiliencia cotidiana es que solemos subestimar el impacto de las dificultades pequeñas.
Una discusión no parece tan grave.
Un mal día tampoco.
Una semana complicada puede parecer tolerable.

Pero cuando los estresores se acumulan y no tenemos oportunidades suficientes para recuperarnos, nuestro bienestar puede verse afectado.
La investigación sobre estrés cotidiano estudia precisamente estos llamados daily hassles: pequeñas experiencias frustrantes, demandantes o desagradables que aparecen durante la vida diaria.
La revisión de Zietse y colaboradores (2025) encontró que la resiliencia cotidiana puede estudiarse, entre otras formas, observando cuánto tarda una persona en recuperarse emocionalmente después de un estresor. Además, la revisión encontró asociaciones entre resiliencia diaria y variables como una mejor calidad del sueño y mayor optimismo.
Esto introduce una idea que me parece especialmente útil:
La resiliencia no es solamente cuánto podemos soportar, sino también cómo logramos recuperarnos.
Resiliencia cotidiana no significa aguantarlo todo
Aquí aparece una distinción fundamental.
Ser resiliente no significa:
Tolerar indefinidamente situaciones que nos hacen daño.
Guardar silencio.
Trabajar hasta agotarnos.
Permanecer en relaciones destructivas.
Aceptar malos tratos.
Y tampoco significa repetirnos “yo puedo con todo”.
Hay una versión distorsionada de la resiliencia que termina convirtiéndola en resistencia ilimitada. Desde esa perspectiva, cuanto más soportamos, más resilientes pareceríamos.
No comparto esa idea.
Para mí, una respuesta resiliente también puede consistir en poner un límite, cambiar de estrategia, descansar, solicitar apoyo, abandonar una situación que dejó de ser saludable o reconocer simplemente: “esto me está superando y necesito ayuda”.
La resiliencia no debería utilizarse para responsabilizar exclusivamente a las personas por adaptarse a cualquier circunstancia.
La investigación contemporánea refuerza precisamente una comprensión multidimensional. Una revisión publicada en 2025 encontró factores relacionados con la resiliencia en diferentes niveles: recursos individuales —como regulación emocional, autoeficacia o autocompasión—, recursos sociales —como redes de apoyo— y factores sistémicos relacionados con las condiciones en las que viven las personas (Heinz et al., 2025).
Por lo tanto, no todo depende de nuestra fuerza interior. El contexto también importa.
La recuperación también forma parte de la resiliencia cotidiana
Imagina que tienes una discusión antes de comenzar tu jornada.
El malestar aparece.
Quizá durante un tiempo sigues pensando en la conversación. Tu atención disminuye, tu cuerpo permanece tenso y emocionalmente sigues conectado con lo ocurrido.
Una mirada tradicional podría preguntarte simplemente si lograste continuar con tu día. Pero una mirada dinámica de la resiliencia también puede preguntarse:
¿Cuánto tiempo tardaste en recuperarte?
¿Qué hiciste para regularte?
¿Pudiste retomar tus actividades?
¿Necesitaste hablar con alguien?
¿El malestar permaneció durante horas o logró disminuir?
Esta idea de recuperación emocional resulta particularmente interesante porque nos recuerda que sentir una emoción difícil no significa carecer de resiliencia.
Podemos sentir tristeza, frustración, enojo o ansiedad y seguir desplegando procesos resilientes.
Resiliencia no significa ausencia de impacto. Significa desarrollar recursos para responder y recuperarnos de aquello que nos impacta.
Regular nuestras emociones sin negarlas
Cuando algo sale mal, una de las primeras respuestas puede ser intentar eliminar rápidamente lo que sentimos.
“No debería estar enojado”.
“No tendría que sentirme así”.
“Esto no es para tanto”.
Pero combatir constantemente nuestras propias emociones puede añadir una segunda dificultad a la situación original.
Primero ocurre algo que nos incomoda. Después nos criticamos por sentirnos incómodos.
En mi manera de entender la resiliencia, regular una emoción no significa eliminarla. Significa reconocerla, comprender qué información contiene y decidir qué hacer con ella.
Puedo sentir frustración y no actuar impulsivamente.
Puedo estar preocupado y seguir tomando decisiones.
Puedo sentir tristeza y permitirme descansar.
Puedo estar enojado y elegir cuándo tener una conversación.
Esa capacidad de responder con mayor conciencia es parte de nuestra adaptación cotidiana.
Aceptar aquello que no puedo controlar
Muchos pequeños momentos de estrés aparecen por una distancia entre lo que queríamos que ocurriera y lo que realmente ocurrió.
Esperábamos una respuesta y recibimos otra.
Habíamos planeado algo y cambió.
Queríamos avanzar y apareció un obstáculo.
Esperábamos controlar una situación que nunca estuvo completamente bajo nuestro control.
Una práctica importante de resiliencia cotidiana consiste en distinguir entre aquello sobre lo que puedo actuar y aquello que necesito aceptar.
Aceptar no significa aprobar. Tampoco significa resignarse. Significa dejar de invertir energía en luchar contra una realidad que, al menos en este momento, no podemos modificar.
Entonces podemos dirigir nuestra atención hacia una pregunta mucho más útil:
¿Qué sí puedo hacer ahora?
A veces la respuesta será grande.
Pero muchas veces será pequeña como:
- Hacer una llamada.
- Modificar una agenda.
- Pedir ayuda.
- Respirar antes de contestar.
- Dormir.
- Dar un paseo.
- Conversar.
- Esperar.
- Volver a intentarlo mañana.
La resiliencia cotidiana se construye muchas veces mediante decisiones extraordinariamente pequeñas.
El papel de nuestras relaciones
Existe otra idea que quiero subrayar: la resiliencia no tiene por qué ser solitaria.
La imagen cultural de la persona resiliente suele ser la de alguien que se levanta por sí mismo, supera los obstáculos y continúa adelante.
Pero nuestras relaciones pueden ser recursos fundamentales.
Hablar con alguien.
Pedir consejo.
Sentirnos escuchados.
Recibir ayuda práctica.
Compartir una preocupación.
Recordar que pertenecemos.
La evidencia reciente apunta precisamente hacia este carácter relacional de la resiliencia. Revisiones contemporáneas identifican el apoyo familiar, las redes sociales y los recursos comunitarios entre los factores que pueden favorecer procesos resilientes (Abate et al., 2024; Heinz et al., 2025).
Pedir ayuda, entonces, no contradice la resiliencia.
Puede ser una de sus expresiones.
Dormir, descansar y recuperar recursos
Hay días en los que el problema no es nuestra actitud.
Estamos cansados.
Y cuando estamos cansados, aquello que en otro momento podríamos gestionar con facilidad puede sentirse extraordinariamente pesado.
Me parece importante decirlo porque a veces intentamos resolver mediante pensamiento positivo lo que nuestro cuerpo está pidiendo resolver mediante descanso.
La revisión de Zietse et al. (2025) encontró asociaciones entre resiliencia cotidiana y calidad del sueño, aunque estas relaciones no deben interpretarse como una causalidad simple.
Aun así, nos recuerdan algo elemental: nuestra capacidad de adaptación está relacionada también con los recursos físicos y psicológicos disponibles.
No siempre necesitamos una nueva estrategia.
A veces necesitamos recuperarnos.
Cambiar la pregunta frente a un día difícil
Cuando algo sale mal, podemos quedarnos atrapados en preguntas como:
“¿Por qué me pasa esto?”
“¿Por qué justo hoy?”
“¿Cómo pudo salir tan mal?”
Son preguntas humanas. Sin embargo, no siempre nos ayudan a avanzar.

Podemos añadir otras:
¿Qué sí puedo controlar?
¿Qué necesito aceptar?
¿Cuál recurso tengo disponible?
¿Necesito actuar o necesito esperar?
¿Necesito resolverlo solo o pedir apoyo?
¿Cuál sería una respuesta suficientemente buena en este momento?
Me gusta especialmente esta última.
No siempre necesitamos encontrar la respuesta perfecta.
En ocasiones, la resiliencia cotidiana consiste en encontrar la siguiente respuesta posible.
Pequeñas prácticas para fortalecer la resiliencia cotidiana
No existe una fórmula universal para ser resiliente. Precisamente porque la resiliencia es dinámica, diferentes situaciones requieren diferentes recursos.
Sin embargo, podemos desarrollar algunas prácticas.
1. Identifica lo que estás sintiendo
Antes de reaccionar, intenta nombrar la emoción.
Nombrar no resuelve el problema, pero puede ayudarnos a relacionarnos con él con mayor claridad.
2. Distingue problema de reacción
Pregúntate:
¿Qué ocurrió realmente?
¿Y qué estoy interpretando sobre lo ocurrido?
Separar ambos elementos puede reducir respuestas automáticas.
3. Recupera sensación de agencia
Busca una acción pequeña que sí dependa de ti.
No necesitas resolver todo. Necesitas identificar el siguiente paso.
4. Permite la recuperación
No conviertas cada minuto del día en productividad.
Después de momentos de estrés, necesitamos oportunidades para recuperar recursos.
5. Utiliza tus fortalezas de carácterass
Quizá necesites perseverancia o perspectiva, humor, prudencia, esperanza, creatividad, autorregulación o amor. La fortaleza útil depende de la situación.
6. Acércate a tus redes de apoyo
Pregúntate quién puede escucharte, orientarte o acompañarte.
La resiliencia también se construye entre personas.
7. Cambia de estrategia cuando sea necesario
Persistir es valioso cuando algo puede funcionar.
Pero persistir en una estrategia que no funciona puede convertirse en desgaste. Adaptarse también significa cambiar.
8. Practica autocompasión
Un mal día no define tu capacidad.
Cometer un error no elimina tus fortalezas.
Estar cansado tampoco significa que estés fallando.
Podemos responsabilizarnos sin maltratarnos.
Resiliencia cotidiana y bienestar: no se trata de no caer
Una concepción demasiado heroica de la resiliencia puede hacernos pensar que las personas resilientes permanecen siempre estables.
Pero la vida humana no funciona así.
Tenemos días mejores y peores.
Momentos de claridad y momentos de confusión.
Periodos de energía y periodos de cansancio.
Para mí, la resiliencia no significa evitar todas esas fluctuaciones.
Significa aprender a movernos dentro de ellas.
Hay días en los que nuestra mejor respuesta será avanzar. Otros en los que será detenernos.
Un día necesitaremos valentía. Otro prudencia. A veces esperanza. Otras veces aceptación.
La resiliencia cotidiana forma parte de una mirada más amplia del bienestar psicológico, en la que adaptación, relaciones y sentido interactúan a lo largo de la vida.
Además, no busca convertirnos en personas invulnerables. Sino que, busca ampliar nuestras posibilidades de respuesta.
Una práctica de cinco minutos para un momento difícil
Cuando tengas uno de esos días en los que muchas pequeñas cosas parecen acumularse, puedes detenerte unos minutos y hacerte estas cinco preguntas:
- ¿Qué está ocurriendo realmente?
- ¿Qué estoy sintiendo en este momento?
- ¿Qué parte de esta situación puedo controlar?
- ¿Qué recurso necesito: actuar, descansar, aceptar, cambiar de estrategia o pedir ayuda?
- ¿Cuál es el siguiente paso más pequeño que puedo dar?
No necesitas solucionar tu vida en cinco minutos. Solo necesitas recuperar un poco de dirección.
Para llevar contigo
La resiliencia también aparece frente a las dificultades pequeñas de la vida diaria.
Ser resiliente no significa evitar emociones difíciles ni recuperarse inmediatamente.
La capacidad de recuperación puede ser tan importante como la capacidad de resistir.
No existe una única personalidad resiliente ni una estrategia que funcione siempre.
Dormir, descansar, poner límites y cambiar de estrategia también pueden ser respuestas resilientes.
Las relaciones, el apoyo social y las condiciones del entorno forman parte de la resiliencia.
Y, sobre todo, pedir ayuda no significa que nuestra resiliencia haya fallado.
Cierre
Durante mucho tiempo hemos asociado la resiliencia con historias extraordinarias de supervivencia. Es comprensible: frente a grandes adversidades, esta capacidad humana puede mostrarse de maneras profundamente conmovedoras.
Pero no quiero que olvidemos la resiliencia que ocurre lejos de los grandes acontecimientos.
Aquella que aparece cuando respiramos antes de responder. Cuando cambiamos un plan. Cuando volvemos a intentarlo o cuando, después de un mal día, volvemos a comenzar.
Creo que allí también se construye resiliencia.
No siempre mediante grandes actos de fortaleza, sino mediante pequeñas decisiones que nos ayudan a seguir relacionándonos con la vida de una manera flexible, consciente y humana.
Quizá la resiliencia cotidiana no consiste en demostrar que podemos con todo.
Quizá consiste en aprender, cada día, cómo responder mejor a aquello que nos toca vivir.
Soy Juan Pablo García y te invito a que construyamos juntos un camino de transformación.
FAQ´S
La resiliencia cotidiana es el proceso de adaptación y recuperación frente a los pequeños estresores, cambios, frustraciones y dificultades que aparecen en la vida diaria.
No. La investigación contemporánea también estudia cómo las personas responden y se recuperan de estresores cotidianos, no únicamente de grandes adversidades.
No. Una persona puede sentir tristeza, enojo, ansiedad o frustración y continuar desplegando recursos resilientes. La resiliencia no implica ausencia de emociones difíciles.
La resiliencia es un proceso dinámico. Podemos fortalecer recursos relacionados con regulación emocional, apoyo social, flexibilidad, autocuidado, fortalezas y estrategias de afrontamiento.
Sí. Las relaciones y redes de apoyo pueden actuar como recursos importantes de adaptación. La resiliencia no tiene que ser un proceso individual o solitario.
Sí. Cuando nuestros recursos están agotados, recuperarlos puede ser más adaptativo que continuar exigiéndonos. Resiliencia no es sinónimo de perseverancia permanente.
Referencias bibliográficas
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Heinz, S., O’Brien, A., Walker, C., O’Sullivan, M., Rouse, P., Whitehead, J., Parsons, M., Cunningham, R., y Edmonds, M. (2025). Mediating pathways between resilience, mental health and wellbeing: A scoping review of individual, social, and systemic factors. BMC Public Health, 25, 3758. https://doi.org/10.1186/s12889-025-24897-1
Ong, A. D., & Leger, K. A. (2022). Advancing the study of resilience to daily stressors. Perspectives on Psychological Science, 17(6), 1591–1603. https://doi.org/10.1177/17456916211071092
Zietse, J., Keijsers, L., Hillegers, M. H. J., Vreeker, A., van Harmelen, A.-L., & de Vries, L. P. (2025). Daily resilience: A systematic review of measures and associations with well-being and mental health in experience sampling studies. Development and Psychopathology. Advance online publication. https://doi.org/10.1017/S0954579425000197


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